Meditación sobre la Ecuanimidad

Esta enseñanza fue impartida por Gueshe Chogyal el 3 de julio del 2001, en el Instituto Loseling de México. Traducida por Lama Shedrup. Este documento consiste en las notas editadas de un estudiante.


Nos relacionamos de tres formas distintas con la gente:

1. Las personas cercanas a nosotros: nuestros familiares, amigos, etc.
2. Las personas que consideramos nuestros enemigos
3. Las personas neutrales.

Esto genera tres actitudes en nosotros:

1. Atracción
2. Aversión
3. Indiferencia

Para esta meditación debemos tomar a una persona específica de cada tipo y visualizarla con todo detalle. Se verán primero juntas, sentadas frente a nosotros. Luego se tomarán una a una por separado. Notamos lo que sentimos:

Con la primera persona, del grupo de los cercanos a nosotros, sentimos apego. ¿Por qué? Porque nos ha tratado bien, nos ha dado ayuda, etc.

Luego, tomamos a la segunda persona, sentimos odio. Esto se debe a que nos ha hecho cosas, nos ha molestado, nos ha quitado cosas, etc.

Por último, tomamos a la tercera persona. Por ella no sentimos nada, sólo indiferencia, pues no nos ha hecho cosas ni buenas ni malas.

Luego volvemos a tomar a la primera persona y pensamos en las innumerables vidas que hemos tenido. Debemos reconocer que en la infinidad de existencias que hemos tenido esta persona en alguna de ellas bien pudo ser nuestro enemigo y nos hizo muchas cosas malas.

Con la siguiente persona sucede lo mismo, pero al revés. Ahora se nos presenta como un enemigo. Pero en las incontables vidas que hemos tenido en ocasiones ha sido alguien cercano a nosotros. Alguien que nos ha ayudado y cuidado.

De la misma forma sucede con la tercera persona. Aunque ahora es alguien alejado de nosotros, durante las vidas que hemos tenido, también ha sido alguien cercano que nos ha ayudado.

Así, tomando en cuenta un periodo de tiempo infinito, vemos que todos han sido iguales con nosotros, que no hay diferencia en su comportamiento hacia nosotros. Entonces debemos comportarnos de igual forma, sin hacer distinciones entre ellos. También debemos reconocer que son seres sintientes como nosotros, con la misma capacidad de sentir alegría y sufrimiento que nosotros, y merecen sentirse bien.

En tibetano ecuanimidad se dice tonk-ño, que viene de:

Tonk – dejar ir
Ño – igual

Es decir, dejar ir por igual nuestros apegos, nuestros odios y nuestra indiferencia.

Entonces, ¿cuál es la semilla que nos hace sentir la compasión? Nuestra naturaleza de Buda que todos llevamos dentro.

Entre más se entienda sobre el renacimiento, más se comprende la igualdad en todos los seres.

Ye Tsong Khapa afirma que el primer paso es empezar con la ecuanimidad, pues las demás practicas, aunque sean más avanzadas, no tienen valor si no hemos logrado aquélla. Con respecto a los poderes mundanos como el don de volar, la clarividencia, etc., se trata de cosas que todos ya hemos experimentado en el transcurso de nuestras reencarnaciones. ¿Pero qué valor han tenido, si todavía estás aquí en el samsara (el estado de sufrimiento)? Lo único que vale y que nos ayuda a salir de aquí es la bodhichita y ésta descansa sobre la base de la ecuanimidad.

Aquí alguien preguntó si había forma de controlar el odio que sentía hacia alguien más. La respuesta de Lama Shedrup fue que debía observar lo que sentía cuando estaba enojado para darse cuenta del daño que se hacía él mismo.