Nos relacionamos de tres formas distintas con la gente:
1. Las personas cercanas a nosotros: nuestros familiares, amigos, etc.
2. Las personas que consideramos nuestros enemigos
3. Las personas neutrales.
Esto genera tres actitudes en nosotros:
1. Atracción
2. Aversión
3. Indiferencia
Para esta meditación debemos tomar a una persona específica
de cada tipo y visualizarla con todo detalle. Se verán primero
juntas, sentadas frente a nosotros. Luego se tomarán una a una
por separado. Notamos lo que sentimos:
Con la primera persona, del grupo de los cercanos a nosotros, sentimos
apego. ¿Por qué? Porque nos ha tratado bien, nos ha dado
ayuda, etc.
Luego, tomamos a la segunda persona, sentimos odio. Esto se debe a
que nos ha hecho cosas, nos ha molestado, nos ha quitado cosas, etc.
Por último, tomamos a la tercera persona. Por ella no sentimos
nada, sólo indiferencia, pues no nos ha hecho cosas ni buenas
ni malas.
Luego volvemos a tomar a la primera persona y pensamos en las innumerables
vidas que hemos tenido. Debemos reconocer que en la infinidad de existencias
que hemos tenido esta persona en alguna de ellas bien pudo ser nuestro
enemigo y nos hizo muchas cosas malas.
Con la siguiente persona sucede lo mismo, pero al revés. Ahora
se nos presenta como un enemigo. Pero en las incontables vidas que hemos
tenido en ocasiones ha sido alguien cercano a nosotros. Alguien que
nos ha ayudado y cuidado.
De la misma forma sucede con la tercera persona. Aunque ahora es alguien
alejado de nosotros, durante las vidas que hemos tenido, también
ha sido alguien cercano que nos ha ayudado.
Así, tomando en cuenta un periodo de tiempo infinito, vemos
que todos han sido iguales con nosotros, que no hay diferencia en su
comportamiento hacia nosotros. Entonces debemos comportarnos de igual
forma, sin hacer distinciones entre ellos. También debemos reconocer
que son seres sintientes como nosotros, con la misma capacidad de sentir
alegría y sufrimiento que nosotros, y merecen sentirse bien.
En tibetano ecuanimidad se dice tonk-ño, que viene de:
Tonk – dejar ir
Ño – igual
Es decir, dejar ir por igual nuestros apegos, nuestros odios y nuestra
indiferencia.
Entonces, ¿cuál es la semilla que nos hace sentir la
compasión? Nuestra naturaleza de Buda que todos llevamos dentro.
Entre más se entienda sobre el renacimiento, más se comprende
la igualdad en todos los seres.
Ye Tsong Khapa afirma que el primer paso es empezar con la ecuanimidad,
pues las demás practicas, aunque sean más avanzadas, no
tienen valor si no hemos logrado aquélla. Con respecto a los
poderes mundanos como el don de volar, la clarividencia, etc., se trata
de cosas que todos ya hemos experimentado en el transcurso de nuestras
reencarnaciones. ¿Pero qué valor han tenido, si todavía
estás aquí en el samsara (el estado de sufrimiento)? Lo
único que vale y que nos ayuda a salir de aquí es la bodhichita
y ésta descansa sobre la base de la ecuanimidad.
Aquí alguien preguntó si había forma de controlar
el odio que sentía hacia alguien más. La respuesta de
Lama Shedrup fue que debía observar lo que sentía cuando
estaba enojado para darse cuenta del daño que se hacía
él mismo.
|