Introducción
Durante el siglo XX, el budismo se ha revelado como un instrumento poderoso
en el desarrollo del potencial humano. Psicólogos, científicos
y filósofos mantienen un diálogo constante con aquella religión
oriental para trabajar con uno de los objetos de estudio más abandonados
y desconocidos: la conciencia humana. Sin embargo, el budismo también
presenta otros rasgos importantes de los que el Occidente puede aprender
valiosas lecciones. Aparte de sus principios de no violencia y convivencia
pacífica, sobresale su flexibilidad, la cual le ha permitido adaptarse
a las más variadas regiones y circunstancias. Por lo anterior,
consideramos relevante analizar el proceso de entrada y establecimiento
del budismo en los Estados Unidos.
Ese país ha recibido las más variadas tendencias budistas,
de entre las cuales sobresale el budismo tibetano. Aprovechamos las pautas
del enfoque regional para analizar las condiciones que encontraron los
maestros tibetanos y cómo las aprovecharon y ampliaron hasta consolidarse
en la otrora tierra de los nativo-americanos.
El budismo ha tenido un proceso regional distinto del de otras religiones,
pues no llega a imponer sus patrones, sino que interactúa con las
condiciones culturales y sociales existentes en el lugar. Por ello, dividimos
el texto en tres incisos: en el primero se describen algunas características
nacionales de Estados Unidos que el budismo tibetano encontró apropiadas
y por las cuales se sintió atraído; en el segundo, explicaremos
el proceso de establecimiento de los principales centros budistas, y en
el tercero, señalaremos ciertos aspectos de consolidación
del budismo tibetano en los Estados Unidos a manera de conclusión.
1. Preparando el suelo: Condiciones favorables al budismo en
Estados Unidos
En la película Hair (Milos Forman, 1979), se representa una
manifestación en contra de la guerra de Vietnam. Uno de los oradores
dirige al público las siguientes palabras: “Los hombres
blancos envían a los hombres negros a matar a los hombres amarillos
para defender la tierra que robaron a los hombres rojos”. Esta
síntesis histórico-racial nos ayuda a comprender mejor
dos profecías budistas y regionales que se cumplieron con la
llegada de las enseñanzas de Buda a los Estados Unidos.
El propio Buda dijo: “2,500 years after I have passed away into
Nirvana, the Highest Doctrine will become spread in the country of the
red-faced people.” (Fields, 1992, epígrafe). Más
tarde, Padmasambhava (sabio que introdujo el budismo en el Tíbet)
profetizó: “when the iron bird flies, and horses run on
wheels,/ The Tibetan people will be scattered like ants across the World,/
And the Dharma will come to the land of the Red Man” (Fields,
1992: 307).
La tierra del hombre rojo, del pueblo de rostro rojo, parece anunciar
la llegada del budismo a los Estados Unidos. Además, fue ahí
en donde por primera vez voló el pájaro de hierro y galoparon
los caballos sobre ruedas. Por si fuera poco, el primer lama que se
establece en este país llega en 1955, como parte del exilio tibetano
propiciado por la invasión china al Tíbet. En consecuencia,
la profecía se cumplió. Pero como en el budismo todo es
causalidad, veamos las condiciones que se dieron para producir el resultado
profético.
Aunque el primer contacto entre el Occidente y el budismo data por lo
menos de la época de Marco Polo, en Estados Unidos se pueden
rastrear influencias del pensamiento oriental y del budismo en poetas
como Whitman y Emerson, así como en otros intelectuales, a lo
largo del siglo XIX. Esta primera fase de aproximación culmina
con el Congreso de Religiones celebrado en Chicago en 1893.
El siglo XX se puede considerar como el período de auge de los
Estados Unidos, que alcanzan un estatus de potencia mundial. Factores
como el rápido desarrollo industrial, el éxito económico
y la consolidación de un sistema político y social como
modelo para el resto del mundo, mantienen viva la idea de que Estados
Unidos es la tierra de las oportunidades, la gran puerta dorada.
Por otra parte, el desarrollo interno de dicho país se ha basado
en un sistema de transporte eficaz, el cual permite que la población
pueda moverse de un lado a otro. La vida se construye a partir de los
grandes centros urbanos, algunos tan antiguos como Nueva York y otros
de reciente desarrollo como Los Ángeles, mientras que las capitales
de cada estado funcionan más como centros administrativos. Sin
embargo, la prosperidad es tal que aun las pequeñas ciudades
formadas a la sombra de las mayores pueden beneficiarse de una buena
situación.
Si nos ubicamos en la segunda posguerra, vemos un país con poder,
fortuna y avance tecnológico. Pero justo en ese momento surgen
una serie de crisis sociales que llevarán a la nación
a replantearse sus valores y su modo de vida.
Tras la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea, algunos estadounidenses
volvieron de Asia fascinados con la cultura que encontraron allá:
las artes marciales, la comida y, sobre todo, la filosofía. De
manera similar al caso de Roma y Grecia, Estados Unidos conquistó
con las armas y con el American way of life, pero Asia penetró
en el espíritu de los conquistadores.
A finales de los 50, surge el ejemplo más contundente: la Generación
Beat, con Kerouac y Ginsberg a la cabeza, pues en su crítica
al Establishment adoptaron el budismo y otras tradiciones orientales
para oponerse al exceso racional y al materialismo absurdo de su país.
La contracultura se nutrió ampliamente de este manantial. No
sólo ex combatientes, sino también voluntarios de diversas
organizaciones y estudiantes que emprendieron viajes a la India y otros
países por cuenta propia, contribuyeron a darle vida al movimiento
social y cultural que se avecinaba.
Los historiadores budistas de Estados Unidos llaman a los años
de 1960 la década del Zen (rama del budismo japonés),
justamente la década de los hippies, de las manifestaciones en
contra de la guerra y de la lucha por los derechos civiles.
A este respecto, es importante señalar que, como parte de sus
intenciones de expansión, Estados Unidos consideró importante
incluir en los programas universitarios la enseñanza de filosofía
oriental y lenguas que podrían resultar útiles (chino,
vietnamita, tibetano, etc.). En la Universidad de Washington, por ejemplo,
el Programa de Asia Central contaba con el apoyo de la Fundación
Rockefeller y del Departamento de Defensa (Fields, 1992: 289). Sin embargo,
no se vislumbraba que el efecto sería contrario al que esperaba.
Los universitarios se adentraron en la cultura oriental y muy pronto
abandonaron la idea de imponerse política o culturalmente a los
pueblos de Asia, por el contrario, desarrollaron una gran empatía
y el deseo de profundizar el contacto. Esto constituyó una razón
más para que el centro de resistencia anti-guerra fueran precisamente
las universidades. Como señala Jesús Velasco Márquez
con respecto a la oposición a la guerra de Vietnam: “El
problema medular que se generó al interior del país no
fue tanto un cuestionamiento en torno a la lucha contra el comunismo,
sino sobre temas como: La efectividad de las operaciones militares,
los intereses que se defendían, los riesgos a la seguridad nacional
y, en especial, los costos humanos y materiales que ésta implicaba.
Las críticas iniciales, por parte de intelectuales y académicos,
se extendió [sic] a la opinión pública a partir
de 1965 y de ahí pasó al Congreso.” (en Franco Hijuelos,
1996: 61)
Por otra parte, la década de 1960 también vio un exceso
en la apertura espiritual, a tal punto que Chogyam Trungpa Rinpoche
(maestro tibetano que llega a Estados Unidos en 1970) describió
la situación como un “supermercado espiritual” (Fields,
1992: 307).
En resumen, a mediados del siglo XX, Estados Unidos consolidaba su éxito
material mientras que al interior se gestaba una apertura cultural,
ávida de nuevas tendencias que pudieran ayudar a manejar el dilema
entre la riqueza y la conciencia, entre la materia y el espíritu.
2. Un viaje en el caballo con ruedas
El budismo presenta un carácter proselitista, pero en general
no se ha impuesto a través de la fuerza, sino del convencimiento.
Así, Shearer explica: “Durante su expansión, el
budismo, a diferencia de otras religiones colonizadoras, fue adoptando
diferentes formas según las circunstancias geográficas,
sociales y culturales con las que se iba encontrando.” (1993:
24) En consecuencia, el budismo se introduce en un país (podemos
decir, en una región) y ahí se produce un doble proceso:
el budismo se adapta a la cultura y la sociedad de esa región
y a su vez la modifica.
Como ejemplo de la diversificación budista, véase en el
Anexo 1 (Ilustraciones) las fotografías de Chenrezig (tibetana)
y de Kannon Bodhisattva (japonesa), las cuales representan la figura
búdica de la compasión, con mil brazos para alcanzar a
todos los seres sensibles. El budismo tibetano, como en la representación
de Chenrezig, tiende a la ornamentación recargada, al empleo
de colores vibrantes y a la mezcla de texturas (metal, madera, tela,
etc.), mientras que el budismo japonés (cuya forma más
conocida es el zen) prefiere estatuas de madera recubiertas de hoja
de oro y, en general, un estilo más sobrio.
Estados Unidos no es la excepción y ofrece sus propias características.
Fields establece: “Democracy, science, and art should contribute
as well. We should build Buddhism with the local materials” (1992:
377). Pero sobre todo, es posible afirmar que su primera contribución
fue la riqueza material, los recursos para que el budismo viajara con
más celeridad. La segunda condición importante es la gran
cantidad de gente interesada en la filosofía budista.
Como señalamos en el inciso anterior, la gente interesada incluía
a entidades oficiales, como el Departamento de Defensa y departamentos
de estudios asiáticos en diversas universidades. Ahora veamos
el proceso de llegada y establecimiento de los maestros tibetanos o
lamas, cuya presencia vendrá a dar cierto orden al “supermercado
espiritual”.
Para tal fin, realizamos una cronología (por ahora, en proceso
de revisión) a partir de la obra de Fields, How the Swans Came
to the Lake, A narrative history of Buddhism in America (3a. ed. Boston,
Shambhala Publications, 1992), la cual se completó con otras
fuentes, sin pretender agotar el tema. En dicha cronología se
incluyen 55 acontecimientos relacionados con la presencia de los lamas.
Para cada acontecimiento, se ubicó la ciudad y estado de la Unión
en donde se realizó, el lama, el lugar específico (ya
sea centro de meditación, universidad, etc.), el personaje estadounidense
relacionado (quien invita, apoya, etc.), el proyecto realizado, los
discípulos sobresalientes y, por último, las consecuencias
o aspectos notables del proyecto. Tal vez el lector se sorprenda, pero
decidimos incluir en la sección de proyectos la muerte de varios
lamas, pero decidimos colocar ahí tales acontecimientos pues
el hecho de que un maestro decidiera no volver a su país (o por
lo menos a Asia), da idea de hasta qué punto estaba involucrado
con las actividades realizadas en los Estados Unidos.
Más que una historia del budismo tibetano, a continuación
ofrecemos algunos ejemplos representativos y señalamos las características
que comparten con otros casos en cuanto al procedimiento de desarrollo,
como síntesis de los resultados obtenidos en la cronología.
El primer lama que se establece en los Estados Unidos es Gueshe Wangyal,
quien desde su huida del Tíbet consideraba a dicho país
como un buen lugar para el budismo. En principio, viene en 1955 para
trabajar con una comunidad mongola de refugiados en Nueva Jersey, y
encontramos la doble cara de la guerra: los ejércitos marchan
a Asia para defender los intereses del capitalismo, pero luego la sociedad
civil da apoyo a las víctimas y les ofrece refugio. Esta fue
la oportunidad para Gueshe Wangyal, y aquí se encontrará
con estudiantes de Harvard que le solicitan enseñanzas budistas.
El grupo de discípulos occidentales se irá ampliando hasta
requerir de un centro aparte, pero el lama decide que el centro debe
construirse en el estilo suburbano de Nueva Jersey, donde están
ubicados. Al mismo tiempo, Gueshe Wangyal costea parte de sus actividades
y la manutención de otros monjes trabajando para la Universidad
de Columbia (Departamento de Lenguas Altaicas) como profesor de tibetano.
El compromiso de los occidentales lleva, entre otras consecuencias,
a la primera ordenación de un estadounidense, Robert Thurman,
como monje, a quien le da autorización el Dalai Lama en 1964.
Del otro lado del país, llega Deshung Rinpoche en 1961 a la Universidad
de Washington, en Seattle, para dar continuidad a un proyecto de la
Fundación Rockefeller (con anuencia del Departamento de Defensa,
como señalamos en el inciso 1), el cual incluía la apertura
de nueve centros de excelencia para la difusión de los estudios
tibetanos (http://www.tibetanclassics.org/gsmith.html).
Sin embargo, este lama no habla inglés y aconseja a quienes le
piden enseñanza que vayan a la India. Diez años después,
un grupo de practicantes budistas de Vancouver logra convencerlo de
que les enseñe en ausencia de su maestro titular (Kalu Rinpoche).
De manera similar, con el apoyo de un estudiante estadounidense que
conoció en la Universidad de Benares, India, llega Tarthang Tulku
a California en 1969 y abre el Centro de Meditación Tibetana
Nyingma, primera congregación Vajrayana de Estados Unidos. Tarthang
Tulku no cuenta con un grupo budista nativo, pero sí encuentra
disposición en el campus de Berkeley, en donde ya había
swamis, sufis, yogis y maestros de zen. Sus discípulos serán
principalmente universitarios y la aproximación del lama es tradicional:
deben cumplir con 100, 000 postraciones antes de comenzar a recibir
enseñanza. Cabe señalar que, a diferencia de otros tipos
de budismo, las postraciones tibetanas completas se realizan extendiendo
el cuerpo completo boca abajo en el suelo. Para estas fechas, los discípulos
ya están más compenetrados con el budismo, por lo que
aun cuando la idea de echarse al suelo choca con sus creencias occidentales,
manifiestan su apertura y su disposición para aprender.
En un año, Tarthang Tulku compra un edificio para trasladar su
centro, dedicado a la práctica y la enseñanza del budismo,
pero también se generan otros proyectos como el Tibetan Aid Project,
la editorial Dharma y el periódico del Centro de Meditación
Nyingma. Como se ve, no hay vinculación directa con la academia,
pero el lama aprende pronto de las posibilidades americanas que representan
las organizaciones sociales y los medios de comunicación.
Otro de los maestros importantes, Chogyam Trungpa Rinpoche, llega a
Vermont por invitación de algunos estadounidenses que habían
asistido a su centro de meditación en Escocia. Se sorprende ante
la gran variedad de formas que el materialismo espiritual ha producido
en Estados Unidos y decide trabajar al respecto. Una medida curiosa
fue la adopción de “malos hábitos” occidentales,
pues comenzó a fumar y a consumir alcohol, para romper con la
idea de que era necesario ser perfecto para dedicarse de lleno a la
práctica espiritual. Para algunos, esto puede sonar excesivo,
pero Chogyam Trungpa logró atraer a un número impresionante
de discípulos y abrir una gran cantidad de centros.
En 1970, realiza giras de conferencias en Nueva York y California, y
establece Karma Dzong, un centro de meditación urbano en Boulder,
Colorado, aprovechando una invitación de la Universidad de ese
estado; abre otros centros urbanos en Nueva York, Boston, Berkeley y
Los Ángeles, entre otras actividades. Por esa época, inaugura
el Rocky Mountain Dharma Center con el objeto de contar con un centro
de retiros de un mes para estudio y meditación. Cabe señalar
que entre sus alumnos se encontraban profesionales de la salud mental,
quienes estaban interesados en conocer las vías budistas para
el estudio de la conciencia.
Para 1974, en colaboración con intelectuales importantes como
H.V. Guenther, Ram Dass, Gregory Bateson, Allen Ginsberg y John Cage,
funda el Instituto Naropa, destinado a ser el lugar más importante
para el estudio académico del budismo, que en 1986 recibe acreditación
oficial como universidad.
Con la actividad de los maestros anteriores, el ambiente del budismo
tibetano en Estados Unidos se consolida a tal punto que recibe la visita
de las cabezas de los distintos linajes (o las cuatro escuelas tibetanas),
incluyendo a Kalu Rinpoche. Este maestro ve la seriedad de los practicantes
occidentales y se pone de acuerdo con ellos para organizar un retiro
de tres años. Las condiciones que les pide son: realizar las
prácticas preliminares (con las 100,000 postraciones incluidas),
aprender tibetano y ahorrar lo suficiente como para mantenerse sin trabajar
durante el tiempo del retiro. La cuestión económica puede
considerarse en parte el espíritu de Estados Unidos y en parte
el sentido práctico que caracteriza al budismo.
Entre las visitas de los grandes lamas, encontramos la del más
grande, el Dalai Lama, quien viene a Estados Unidos por primera vez
en 1979. Desde entonces, sus propósitos fundamentales han sido
el reunirse con personajes importantes, sobre todo del gobierno, así
como dar enseñanza budista, en especial la iniciación
de Kalachakra, sobre cuya importancia hablaremos en el inciso 3. Con
más de 26 visitas, Estados Unidos es el país occidental
a donde más ha ido el Dalai Lama. Es factible suponer que el
establecimiento de centros de meditación, la vinculación
con las universidades y el compromiso serio de los practicantes, hayan
contribuido a que Estados Unidos se interesara más por la causa
del Tíbet y por apoyar al Dalai Lama.
Sin embargo, la década de 1980 marcó una crisis para el
budismo tibetano en Estados Unidos. Entre 1981 y 1991 mueren la mayoría
de los primeros lamas que se establecieron en ese país, los grupos
tienen discusiones y divisiones internas y se hace necesario detenerse
a reflexionar en los siguientes pasos.
Cuando el Dalai Lama recibe el Premio Nobel de la Paz, se convierte
en una celebridad mundial y se reactiva el interés por el budismo
tibetano. Esta actitud continúa mediante la apertura de nuevos
centros (urbanos y de retiro) y de nuevos proyectos académicos
con diferentes universidades. Por otra parte, el budismo se sale de
las regiones habituales para establecerse en lugares como Virginia y
Georgia.
Veamos un esquema de las regiones en donde floreció el budismo
tibetano, de acuerdo con la cronología que realizamos:
| Estado |
Actividades |
| California |
Proyecto
con universidades, conferencias constantes, por lo menos 4 centros
importantes, enseñanzas y sociedades, reuniones con personajes
importantes, centro de retiro, iniciación de Kalachakra. |
| Colorado |
Proyecto
con universidad, instituto, centro de retiro, reunión, enseñanza. |
| Connecticut |
Sociedad cultural. |
| Georgia |
Instituto
y reunión. |
| Illinois |
Muerte
de un maestro. |
| Indiana |
Enseñanza,
iniciación de Kalachakra (para este lugar poco tradicional, influye
el hecho de que el hermano del Dalai Lama imparte clases en la
Universidad del estado). |
| Massachusetts |
2
centros y visita. |
| Nueva
Jersey |
Centro,
centro de retiro, reunión. |
| Nueva
York |
Proyectos
con universidades, conferencias, centros de retiro, sociedades,
reuniones, enseñanzas, visitas, iniciación de Kalachakra. |
| Oregon |
Centro
de retiro. |
| Texas |
Enseñanza,
conferencias. |
| Vermont |
Centro
de retiro. |
| Virginia |
Proyecto
con Universidad, instituto. |
| Washington
(Seattle) |
Proyecto
con universidades, vinculación con el centro de retiros de Vancouver. |
| Wisconsin |
Proyecto
con universidad, reunión, enseñanza e iniciación de Kalachakra. |
| Wyoming |
Seminario. |
En resumen, las actividades se concentran en Nueva York y California,
como era de esperarse, pues son estados de gran actividad cultural.
Sin embargo, gracias a la facilidad de transporte y a las posibilidades
de desarrollo en otros estados, el budismo se ha establecido incluso
en regiones alejadas de los dos grandes centros urbanos.
El proceso de establecimiento, entonces, se caracteriza principalmente
por cinco momentos:
1. Despertar del interés por el budismo tibetano en una comunidad,
ya sea a través de una universidad, de viajes o de contacto intelectual.
2. Invitación por parte de los occidentales para traer a un maestro
tibetano o para involucrar a uno que ya se encuentra en el país.
3. Vinculación con un proyecto académico a través
de una universidad, institución que generalmente constituye también
una fuente de ingresos.
4. Establecimiento de centros urbanos de meditación, los cuales
permiten la difusión del budismo y atraen a gente con recursos
económicos.
5. Establecimiento de centros de retiro para la comunidad involucrada
con más profundidad, generalmente con estabilidad económica
suficiente para hacer un retiro que puede ir de un mes a tres años.
De lo anterior se desprende que el budismo tibetano parte del interés
cultural pero se desarrolla y se consolida a través del trabajo
académico y de un compromiso profundo.
3. Un nuevo impulso a la rueda del Dharma
El budismo se plantea como fin el desarrollar al máximo la capacidad
humana a través de diversos métodos establecidos por Sidarta
Gautama (el Buda). Aunque en principio se basa en una perspectiva espiritual
(alcanzar la Iluminación y reconocer la naturaleza búdica
en uno mismo), concede una gran importancia a la vía racional,
pues Buda señaló que no se debía creer en sus palabras
con fe ciega, sino sólo a través de la reflexión
y la experiencia personal. Con tal flexibilidad, los métodos
de Buda se consideran como una base y no un dogma.
Esa misma flexibilidad se ha aplicado en los Estados Unidos, en donde
los maestros aprendieron a observar las condiciones del país
y de sus habitantes, para poder ofrecer las enseñanzas de una
manera apropiada.
Numéricamente, la comunidad budista no destaca entre la población
estadounidense, pero el trabajo con las universidades aporta seriedad
académica e incluye desde clases de tibetano hasta proyectos
de edición de textos de diversas tradiciones.
En este sentido, es preciso recordar que Alan Watts señaló:
“Eastern religion actually had more in common with psychotherapy
than with Western forms of religion and philosophy”. (Fields,
1992: 313) Esto da pie a un budismo “académico”,
abierto a un acercamiento laico. Desde esta perspectiva, se ve a Buda
y a la iluminación como un símbolo de la máxima
realización del potencial humano.
Académicos como Jeffrey Hopkins y Robert Thurman, de la primera
generación de discípulos, continúan su labor en
las universidades, mientras que cada día aumenta el número
de lamas residentes en Estados Unidos. Así, no se trata de la
adopción de una nueva religión, sino de un proyecto para
el desarrollo humano en donde todos pueden participar.
La iniciación de Kalackakra resulta un buen ejemplo de consolidación
del budismo en Estados Unidos. Fue una de las primeras transmisiones
que se hicieron en el Tíbet cuando llegó el budismo de
la India, y se realizó nuevamente cuando los exiliados tibetanos
se establecieron en la tierra de Buda, como una señal de que
el budismo entra a un lugar. Se trata de una práctica para trascender
los ciclos temporales, biológicos, etc., y estar en mejores condiciones
de ayudar a otros.
En Estados Unidos se han realizado cuatro iniciaciones de este tipo
en Wisconsin, Indiana, California y Nueva York. Se ha dispersado esta
semilla, en espera de que dé como fruto un mayor desarrollo del
bienestar común.
Como señala Ianni: “En el ámbito de la sociedad
global se manifiestan otras posibilidades de realización e imaginación
de los ritmos y ciclos de la vida social.” (1997: 157) De modo
que el Kalachakra constituye una aportación a estas nuevas posibilidades.
En conclusión, el budismo no escapa a la globalización,
pero aporta su perspectiva regional de llegar, observar los materiales
con los que se cuenta y adaptar sus enseñanzas a las condiciones
más apropiadas para el desarrollo de la nueva comunidad. Las
profecías se cumplieron, esperamos, para el bien de todos los
seres sensibles.
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