Al estudiar un texto tan importante y hermoso como el Bodhisattva Charyavatara,
se acostumbra dar una breve biografía de su autor, pues mediante
el ejemplo de su vida esperamos generar confianza en sus palabras.
Nació en 687 d.C. y recibió el nombre de Shantivarmana,
“armadura de la paz”. Fue hijo único de una familia
real del oeste la India; su padre, el rey, se llamaba Kushalavarmana
“armadura de virtud”. Muchos signos auspiciosos acompañaron
su alumbramiento, anunciando que realizaría muchos hechos extraordinarios.
Desde niño mostró gran interés por la religión.
Alrededor de los siete años era ya muy versado en estos temas.
Su maestro principal fue un gran yogui, del que se dice que había
logrado la unidad con Manjushri (el Buda de la Sabiduría). De
su maestro recibió varias y profundas iniciaciones. Empezó
a tener visiones de Manjushri y finalmente se convirtió en su
discípulo directo.
Cuando tenía más o menos 20 años, su padre falleció,
pero él no quería convertirse en rey pues no le atraía
esa clase vida. Sin embargo, sus súbditos y nobles le suplicaron
que tomara el lugar de su padre, pues él era el elegido. Shativarmana
finalmente cedió y se hicieron todos los preparativos para su
coronación.
Un día antes de la ceremonia, Shantivarmana tuvo un sueño:
Manjushri estaba sentado en su trono y le reclamaba: “¿Cómo
puedes atreverte a ocupar el mismo sitio que tu Maestro? ¿A sentarte
a su mismo nivel?” Se despertó azorado al comprender que
su coronación no era del agrado de Manjushri. En medio de la
noche escapó de su palacio.
Dirigió sus pasos a Nalanda, la universidad monástica
más importante de su tiempo. Hoy en día todavía
perduran sus ruinas, las cuales constituyen un sitio de peregrinación.
Shantivarmana fue ordenado por el abad Jayadeva, quien le dió
el nombre de Shantideva.
En ese momento Shantideva era ya mucho más que un simple novicio,
pues conocía muchas meditaciones tántricas que Manjushri
le había enseñado directamente. Decidió practicar
en las noches y dormir de día. Sus compañeros en Nalanda,
ignorantes de esto, pensaban que era un flojo e irresponsable, por lo
cual lo apodaron busuku (“las tres realizaciones”) en son
de burla; con esto querían decir que había obtenido las
tres realizaciones de comer, dormir e ir al baño.
Sus compañeros se impacientaron por la supuesta indolencia de
Shantideva y pensaban que era una deshonra para una universidad tan
prestigiada como Nalanda. Por lo anterior, idearon un plan para deshacerse
de él. Decidieron que cada monje debía impartir una enseñanza
a todo el monasterio. Según ellos era un plan perfecto, pues
suponían que iban a dejar al descubierto la ignorancia de Shantideva,
y ante semejante vergüenza, humillado, abandonaría la universidad.
Fueron pasando los monjes a decir sus enseñanzas, hasta que
finalmente llegó el día en que Shantideva debía
dar su discurso. La primera dificultad que encontró fue que sus
compañeros monjes, en un afán de molestarlo, le habían
construido un trono muy, pero muy alto, al que no se podía acceder.
No tenía escaleras, ni ninguna otra cosa con la cual alcanzar
el asiento. Ante esto, para asombro de todos, Shantideva colocó
su mano en el asiento, lo “bajó” hasta su nivel y
se sentó sobre él. Después el trono volvió
a ascender hasta el nivel donde estaba anteriormente.
Asombrados, los otros monjes se preguntaban si Shantideva sería
un maestro verdadero o si estaría utilizando la magia negra.
Shantideva les preguntó si querían escuchar una enseñanza
conocida o una nueva. Una nueva, contestaron. Entonces Shantideva comenzó
a declamar lo que hoy conocemos como “Guía a la Forma de
Comprometerse en la Vida del Bodhisatva” (Bodhisattvacharyavaratara
en sánscrito), el libro que vamos a estudiar.
Todos los monjes quedaron impresionados ante sus conocimientos. Cuando
declamó el capítulo noveno que explica la verdadera naturaleza
de las cosas. En el verso que dice “todo es como el espacio”,
empezó a elevarse poco a poco hasta una gran altura. Después,
para mayor asombro de los monjes, empezó a desaparecer; finalmente
sólo se escuchaba su voz. Al terminar, nada supieron de él.
Se había ido. Había desaparecido.
Todos comentaban la enseñanza de Shantideva. Entre dos escuelas
diferentes de la universidad empezó a surgir la controversia
acerca de si había dado nueve o diez capítulos y concluyeron
que la única forma de saberlo era preguntárselo al mismo
Shantideva, pero no tenían forma de localizarlo.
Un tiempo después, se enteraron de que Shantideva vivía
en otra parte de la India, por lo que decidieron enviar una embajada
de monjes a visitarlo, presentarle sus disculpas y pedirle su retorno
a Nalanda. Así lo hicieron, pero cuando llegaron con Shantideva,
él rehusó la invitación. Sin embargo, volvió
a recitar el Bodhisattvacharyavatara para ellos. Los monjes preguntaron
acerca de los textos que había utilizado de referencia, cosa
muy común en ese entonces. Él les contestó que
se había basado en “El compendio de las enseñanzas”
(Shikshasamuchaya, en sánscrito), pero nadie lo conocía
ni había escuchado sobre él. Entonces le preguntaron dónde
lo podían consultar. Les dijo que lo encontrarían en su
antiguo cuarto de Nalanda, escondido entre las trabes del techo. En
realidad es otro libro escrito por el mismo Shantideva.
La fama de Shantideva creció y se esparció por toda la
India. Un maestro no budista muy letrado lo retó a un debate.
En aquellos tiempos se acostumbraba que el perdedor de dichos debates
tenía que dejar su doctrina y seguir la del ganador. Al enfrentarse,
Shantideva lo venció. Así sucedió con muchos otros
maestros que se atrevieron a retarlo, por lo que tuvieron que adoptar
la doctrina budista. Falleció en 763 d.C.
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