Un Mensaje respecto a la Protección del Medio Ambiente

Por S.S. el XIV Dalai Lama.

Tomado de Dreloma (Drepung Loseling Magazine), no. 32-33, pags. 6-7, Drepung Loseling Library Society, Mundgod, Karnakata State, India.1980, con permiso del editor Ven. Thupten Tendar.

Traducido por E., Consuelo Santamaría.

El ambiente natural sostiene la vida de todos los seres en el mundo. Sin embargo, en estos días, casi en todos los lugares se sufre un deterioro extendido. Por lo tanto, ahora más que nunca, es importante que cada uno de nosotros haga cualquier clase de esfuerzo a su alcance, de acuerdo con sus capacidades, para asegurar la protección, la restauración y la reposición de nuestro medio ambiente y de sus habitantes.

Un medio ambiente puro y sin estropear resulta benéfico para todos. Cuando los elementos naturales están en armonía, la calidad y la duración de la vida se incrementan. Por ejemplo, los árboles purifican el ambiente proveyendo oxígeno a los seres vivientes para respirar. Su sombra provee de un lugar fresco para descansar. Contribuyen a la precipitación de las lluvias oportunas, que nutre a los granos y a los ganados y balancean el clima. Crean un paisaje atractivo, bello para la vista y relajante para la mente. Cuando hay, como consecuencia, un flujo constante de visitantes y turistas, las actividades educativas y económicas se desarrollarán de manera natural.

Cuando el medio ambiente se deteriora y se contamina, surgen muchas consecuencias negativas. Los océanos y los lagos pierden sus cualidades refrescantes y calmantes; en consecuencia, las criaturas que dependen de ellos son perturbadas. La disminución de la vegetación y los bosques reduce la prodigalidad de la tierra. La lluvia ya no se precipita cuando es necesaria, el suelo se seca y se erosiona, los incendios forestales se desencadenan y surgen tormentas sin precedentes. Todos nosotros sufrimos las consecuencias.

En el contexto budista, los árboles aparecen en los recuentos de la vida del principal de nuestros maestros, el Buda Shakyamuni. Nació mientras su madre se apoyaba en un árbol, logró la iluminación sentado bajo un árbol, y finalmente falleció mientras los árboles eran testigos desde lo alto. De acuerdo con el Vinaya, su código de conducta, a los monjes con ordenación completa no sólo se les ordena que eviten cortar árboles, sino que también los planten y los cultiven. Por lo tanto, podemos concluir que plantar y cuidar árboles es también una virtud. Más aún, los árboles son descritos en las escrituras como las moradas de las deidades, las nagas y los espíritus locales. Estas son otras razones más para protegerlos.

En general, plantar árboles da lugar a muchos beneficios. Los árboles frutales en particular son valiosos por su contribución a nuestra buena salud física. De la misma forma, plantar flores es un acto noble. Las flores tienen un efecto calmante sobre la mente. Decoramos nuestros lugares de culto e invariablemente hacemos ofrendas con ellas en nuestros rituales religiosos. En la tradición budista ni siquiera necesitamos recolectarlas o poseerlas, simplemente mirar las flores y ofrecerlas en nuestra imaginación es un poderoso medio de acumular mérito. Cuando la gente está estresada o sus mentes se encuentran perturbadas, sentarse o pasearse en un jardín proporciona frescura y paz.

Por lo tanto, la sociedad debería de interesarse en plantar árboles y flores alrededor de los lugares donde vivimos, oramos, trabajamos y estudiamos, así como alrededor de hospitales y a lo largo de los caminos y carreteras. A fin de que puedan crecer hasta su madurez, debemos cuidarlos y animar a los niños a protegerlos. Sin duda esto constituirá un beneficio para nosotros y para todos los demás seres vivientes.

En el viejo Tíbet teníamos leyes para salvaguardar las colinas y los valles, y proteger a los animales salvajes (hasta cierto punto, indefensos), pájaros y otras criaturas sin protección. Esta es una noble tradición que vale la pena mantener. En la actualidad, algunas personas continúan cazando animales salvajes o atrapando peces y otras criaturas marinas para su provecho material y monetario sin pensar. Sin embargo, si reflexionamos en lo que realmente ayudará a nuestras vidas presentes y futuras, sin duda es mejor evitar tales actividades en lo personal y ayudar a otras a evitarlas también.

Asimismo, es inapropiado dejar basura como papeles, bolsas de plástico, botellas, ropa vieja, restos de comida y cáscaras de fruta desperdigadas sin cuidado por aquí y por allá. Tampoco debe la gente de orinar o defecar dondequiera. Estas cosas no sólo son feas, sino además resultan un grave riesgo para la salud por la falta de higiene. Algunos tibetanos han estado acostumbrados a amarrar sus ropas gastadas y su pelo caído a las ramas de los árboles, pero como esto es ofensivo a la vista, sería mejor abandonar este hábito.

En resumen, les exhorto para que, mediante el entendimiento de la interdependencia del mundo y de todos los seres que viven en él, las personas adapten su comportamiento con el fin de cultivar y preservar el potencial de nuestro generoso reino natural.

¡Que los encantadores y fuertes bosques florezcan en todas las direcciones!
¡Que todos los seres sintientes sean liberados de una muerte inoportuna y que vivan felizmente sus vidas!